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Mostrando las entradas etiquetadas como autoestima

El límite: clave de las relaciones saludables

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  "No dejes que tu relación con nadie ensombrezca la relación que tienes contigo mismo" No soy correcta en el sentido decorado que dicta la etiqueta social. Suelo ser bastante mal hablada y con poco filtro. Manejo mejor el sarcasmo que el español, pero sé comportarme como una “señorita”… aunque eso es fruto, más de lo aprendido por mandato social que un mérito propio. Y no voy a mentir: tampoco me esfuerzo demasiado en sostener esa pose. Claro que hay contextos donde la formalidad es necesaria —si trabajás en una empresa representás la imagen de esta, y aunque hoy tienda a ser más relajado y coloquial, sigue habiendo un mínimo de corrección que respetar. Pero dejando de lado ese espacio, yo prefiero la naturalidad. Digamos que soy un diamante en bruto. 😂 A veces, lo que en la sociedad se espera que digamos de manera diplomática, yo lo pienso en crudo. Por ejemplo: ¿Cómo se diría “no me rompas más las pelotas” en un lenguaje correcto? Versión educada: “Preferiría que no ...

La trampa de la aceptación: cómo normalizamos la violencia

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  La única certeza absoluta es que todos nos vamos a morir. Aunque no puedo asegurar del todo como se vive en el otro barrio, intuyo que si estás leyendo esto es porque todavía estas vivo. Seguramente tu corazón late, tus pulmones y el resto de tus órganos cumplen su función sin que tengas que hacer nada para que así sea. Aunque pocos lo tengan en cuenta esto es una prueba que indica que la vida es un milagro, que va mucho más allá de lo que podemos controlar o entender. La vida se sostiene sola, sin que intervengamos, como si algo —llamalo universo, energía, Dios o lo que prefieras— estuviera constantemente apostando por nosotros, recordándonos que mientras estemos acá, todo es posible. Lo que sí corre por cuenta nuestra es que esa vida merezca la pena… Decir sí, lo sé y no experimentarlo en la vida diaria es como el conocimiento adquirido que no se aplica. No sirve para nada… La mayoría no vive como si la vida fuera a terminarse... la vive como si fuera un libreto que alguien...

Para sentir no hay que pedir permiso...

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  Hay limpiezas y limpiezas... algunas que parecen terminar cuando no ves una mota de polvo sobre los estantes, los libros alineados como si no se tocaran, la ropa en los cajones ordenados por tonalidades, un nuevo aroma en la casa, como si recién te mudaras. Pero hay otras que empiezan como un huracán y dejan todo patas arriba por días y no tenés idea como terminan…   son esas en las que buceas al pasado y encontrás entre líneas escritas en hojas amarillas un yo de otros tiempos y te preguntas que pasó con todo eso… donde quedó todo eso que eras capaz de sentir y te das cuenta que es uno mismo quien se cuenta las historias y se permite ir quitando ingredientes y se conforma…   porque en definitiva para sentir no hay que pedir permiso. En todo caso buscar el espacio que permita fluir. Y parte del orden, es poner cada cosa en lugares donde puedan ser valoradas, de nada sirve tener algo bonito encerrado en un sótano, ni pretender encajar algo donde no entra… ni estar rodead...

AMOR: EXPECTATIVA vs REALIDAD

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                                                                                                   Yemaya Assessu - Deva Premal Creo que la mayoría de los humanos nos vamos de este mundo creyendo que sabemos del amor y el se ríe de nosotros...  Se suele decir que lo opuesto al amor es el miedo y no el odio, pero no estoy del todo de acuerdo. Creo que el amor y el miedo son dos energías que se originan en lugares distintos. Desde mi punto de vista, el amor es la energía que te conecta a la fuente, lo que para mí es el alma colectiva y el odio la que te aleja. Si pudiéramos definir donde termina uno y empieza el otro, quizá podríamos definirlos como opuestos, pero entre uno y otro existen infinidad de grados y la distancia entre ellos, ...

La sombra: la voz interna que define lo que sentís y cómo te vinculás

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  Solía creer que, como en los dibujitos, un demonio era ese personaje que, levitando sobre el hombro opuesto al del angelito, me susurraba al oído que hiciera algo distinto de lo que debería hacer. Durante algún tiempo, la escuela consiguió correr esa idea a un lado, convenciéndome de que yo era responsable de mis acciones. Y también de que ese personaje de caricatura, en algún lugar poco apetecible, me estaría esperando si no era lo suficientemente buena como se esperaba de mí. Con los años, junto a otras teorías y a mi propio análisis interno, llegué a otra conclusión. Lo único que realmente me condicionaba a elegir eran mis propias ideas acerca de las cosas. Y aunque no haya certeza sobre qué me depara el día después del último en este plano, esa idea de infierno o paraíso no es más que una sensación interna que nosotros mismos recreamos. Algo que no depende tanto de factores externos, sino de ese diálogo constante que sucede adentro. De esas dos voces que no levi...