Capitulo VIII: El Futuro solo acepta preguntas. Conocete a tí mismo
"Conócete a ti mismo" (Γνῶθι σεαυτόν / Nosce te ipsum). Inscripción atribuida al Templo de Apolo en Delfos.
“No os amoldéis a este
siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que
comprobéis cuál sea la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable y lo perfecto.”
Romanos
12:2
Los caminos del Señor son inescrutables… y, para quien los quiere ver, los mensajes están por todos lados.
Hace poco más de 20 años nació Metamorfosis. El término proviene del latín metamorphosis, que a su vez deriva de un vocablo griego que significa transformación. Hace referencia a la mutación, la evolución o el cambio de una cosa que se convierte en otra diferente.
Si me hubieran preguntado entonces qué sería en el futuro, habría dicho “alquimista”, aun cuando no supe lo que era la alquimia hasta un par de años más tarde.
Muchos cómos cambiaron en estos 20 años. Hoy es aquel futuro que, aunque lo hubiera intentado, no habría podido imaginar. Recuerdo que por esos tiempos solía decir, como algo muy lejano: “Cuando tenga 40, voy a tener un hijo de 20… ¡Guau! Aún voy a ser joven y voy a ser libre”.
Y no sé qué era menos cierto, si lo de la juventud o lo de la libertad.
Nadie me avisó que, después de tantos años, todavía no iba a poder dormir con tranquilidad ni escribir durante largas horas sin que alguien toque a mi puerta y pregunte:
—¿Qué comemos hoy?
Más allá de esa parte del futuro con la que estoy bastante decepcionada —y asumo toda la culpa, porque era muy joven y no sabía lo que firmaba—, las posibilidades que ofrece el mundo de hoy me parecen increíbles.
Para quien quiere servirse y hacer buen uso de este mundo paralelo que nos ofrece internet, no se puede decir que no existan opciones para aprender y desarrollarse en lo que sea...
Dejando fuera las relaciones humanas —que, a mi manera de ver, deben seguir siendo humanas—, todo ese mecanismo que utilizan para controlarnos también podemos usarlo a nuestro favor.
Dicen por ahí que lo que estás buscando te encuentra, y nada es más cierto por estos lados que, un rato después de buscar una escalera en Mercado Libre, podes recibir ofertas por mail, anuncios en Facebook y cursos en Instagram sobre cómo subirla, bajarla y construirla con el material que desees.
Internet, de alguna forma, responde a tu vibración. Dime cómo te sientes y te diré qué lees…
Lo importante es entender que, así como los algoritmos utilizan cookies y etiquetas para decidir qué contenido mostrarnos, nuestro cerebro también funciona de manera similar. Tiende a buscar y destacar aquello en lo que ponemos la atención. Si nos enfocamos en lo que no queremos, difícilmente nuestro "buscador interno" encuentre aquello que sí queremos.
En internet hay una cantidad inmensa de información disponible, pero el buscador solo nos muestra los resultados relacionados con nuestra búsqueda. Con nuestra mente ocurre algo parecido: la realidad es mucho más amplia de lo que percibimos, pero solemos ver, interpretar y recordar aquello hacia donde dirigimos el foco.
La realidad virtual es como una metáfora de lo que creamos en nuestro universo. Y cuando ampliás tu visión y ponés tu energía en información de valor, con contenido positivo, tus pensamientos cambian de sintonía, tu emocionalidad y tu humor también, y la respuesta que te da el mundo, en cierta forma, es otra. A medida que eliminás las cookies viejas, te vas a sorprender de cuántas cosas estaban ahí y no veías.
Aun cuando lo hagamos rutinariamente y sin cuestionarlo, pasamos el día tomando decisiones. Todo lo que hoy ocurre en nuestra vida es consecuencia de algo. Aunque parezca una obviedad, no todo el mundo es consciente de que su presente es, en gran medida, el resultado de las elecciones que hizo en el pasado. Y cuando uno no está satisfecho con los resultados, no queda otra que revisar esas decisiones. Es matemático. Y de esos errores sí los probé a todos.
Cuando me daban uno de esos cálculos que ocupaban una hoja entera del cuaderno y, después de todo el esfuerzo, el resultado no coincidía con el que la profesora había escrito en el pizarrón, prefería pensar que era ella la que se había equivocado antes que hacer toda la cuenta de nuevo. Pero cualquiera sabe que no queda otra: hay que revisar.
Entre darse cuenta y cambiar hay un puente que muchas veces no se cruza.
En la vida, revisar, aunque a veces sea doloroso, sirve para aprender qué es lo que ya no tenemos que hacer. Y eso vale tanto para el crecimiento personal como para la hipótesis de un experimento científico, un negocio tradicional o la validación de la idea de una startup.
Hay otra mirada que me resultó especialmente interesante y que escuché en un discurso para egresados del actor Jim Carrey, muy difundido en las redes. Propone preguntarnos desde dónde estamos tomando cada decisión: ¿desde el amor o desde el miedo? Es decir, cualquiera sea la opción, preguntarnos si estamos eligiendo lo que realmente queremos o simplemente aquello que nos hace sentir más seguros.
En ocasiones, cuando le he preguntado a alguien por qué eligió determinado camino, la respuesta suele hacer evidente algo que, visto desde afuera, resulta mucho más fácil de reconocer. Cuando una persona elige desde el amor, hay una especie de suspiro de alivio después de contarlo. Puede haber miedo a la incertidumbre, claro, pero en las palabras que dice —y que, en realidad, se dice a sí misma— hay confianza. Hay fe en la vida. Y, más allá de los resultados, sabe que está siendo fiel a lo que siente.
Cuando una persona elige desde el miedo, el discurso cambia. La decisión nunca viene sola: aparece acompañada de todas las excusas que necesitó contarse para justificarla. Aunque intente convencerme de lo contrario, su cuerpo suele decir otra cosa. En sus movimientos, en su expresión, no hay alivio, no hay relajación, no hay esa tranquilidad que aparece cuando uno siente que está haciendo lo correcto. Lo que suele haber es una resignación disfrazada de prudencia, proyectada hacia un futuro que termina con frases como: "más adelante veré" o "es lo que hay".
El autoconocimiento no sirve para conocernos cuando todo está bien. Sirve para tomar mejores decisiones cuando más las necesitamos.
Las relaciones y el trabajo suelen ser los ámbitos donde el autoconocimiento deja de ser una idea interesante para convertirse en una necesidad. Son, probablemente, los dos escenarios que más ponen a prueba nuestras decisiones porque los afectos y el dinero tocan una de nuestras necesidades más profundas: la seguridad. Y, muchas veces, más que decidir conscientemente, repetimos respuestas automáticas, como un disco rayado. Nos aferramos a lo conocido porque cambiar implica atravesar la incertidumbre. Incluso cuando elegimos postergar o no hacer nada, también estamos tomando una decisión: permitir que las cosas sigan como están. El problema es que la vida rara vez nos deja permanecer indefinidamente en ese lugar. Tarde o temprano, las circunstancias cambian, aquello que evitábamos nos alcanza y aparece la necesidad de elegir.
Por eso, aunque la mayoría le tema a las crisis, suelen ser las mejores oportunidades para conocernos un poco más. Mientras todo funciona, podemos vivir muchos años sin preguntarnos quiénes somos. Las crisis, en cambio, nos obligan a descubrir quiénes podríamos ser. Nos obligan a revisar nuestras creencias, cuestionar aquello que dábamos por cierto y descubrir desde dónde estamos eligiendo.
Una buena pregunta es: ¿sobre qué ideas construí mi sensación de seguridad? Muchas de esas creencias fueron aprendidas y nunca las pusimos a prueba. Cuando empezamos a revisarlas, descubrimos que la incertidumbre existe en cualquier camino. Ninguna decisión viene con garantías. La diferencia es que, mientras una elección nace del miedo y busca evitar aquello que no queremos, la otra pone la energía en construir aquello que sí queremos vivir.
El autoconocimiento también consiste en aprender a escuchar las señales del propio cuerpo. Quien desarrolla esa capacidad suele encontrar respuestas antes de que aparezcan las explicaciones racionales. A veces, el cuerpo ya sabe lo que la mente todavía intenta justificar.
Hay una frase que leí hace tiempo y que siempre vuelve a mi cabeza: "Solo el escritor sabe para quién escribe, mientras el lector lee a quien más extraña." No sé en qué se habrá inspirado Benedetti cuando dijo: "Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas." Pero ambas ideas me llevan al mismo lugar.
Desde hace muchos años, cada vez que tengo que tomar una decisión importante intento dejar de lado tanto las expectativas como las garantías y concentrarme únicamente en lo que sé que quiero hacer. La vida y yo nos desafiamos mutuamente: ella casi siempre gana y yo, por suerte, casi siempre aprendo. Después de varios golpes entendí que la certeza y el futuro son incompatibles. Que, para planificar a largo plazo, es mucho más importante aprender a hacerse las preguntas correctas que pretender tener todas las respuestas.
Esa idea tampoco es mía. Fernando Dolabela, educador brasileño y referente en educación emprendedora, sostenía que el futuro solo admite preguntas. Criticaba un modelo educativo donde creemos que un buen maestro y un buen alumno son quienes tienen todas las respuestas, cuando, en realidad, cada persona necesita encontrar las propias. El verdadero desafío del educador no sería responder por el otro, sino ayudarlo a descubrir las preguntas que le permitan construir su propio camino.
Tal vez por eso hay tantas personas imaginando una educación diferente. Una educación donde cada niño pueda desarrollar el potencial que trae consigo, en lugar de adaptarse únicamente a las expectativas del entorno. El resultado de una generación educada de esa manera sería, probablemente, un mundo completamente distinto.
Sin embargo, desde muy chicos aprendemos que equivocarse está mal. Muchos niños crecen sintiendo que su valor depende de rendir como otros esperan. Así, el error deja de ser una oportunidad para aprender y se convierte en una amenaza. Se instala el miedo, el autoengaño, el auto-boicot y la necesidad de jugar siempre sobre seguro. Y, paradójicamente, el único fracaso verdaderamente importante no es equivocarse, sino negarse a aprender de ese error.
Si tuviera que jugarme la última carta, me la jugaría por la educación.
"Te advierto, quien quiera
que fueras, Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no
hallas dentro de ti mismo, aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar
otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro, de los tesoros. Oh! Hombre,
conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses"
Marian
Consultora en desarrollo personal y comunicación
📞 +54 11 3651 0736
✉️ simplementemarian78@gmail.com
YouTube: https://www.youtube.com/@Redmetamorfosis3110
No dejes de creer que las palabras pueden cambiar el mundo.
Libros:
Geopolítica Humana: Liderazgo y poder personal
Blog:
https://redmetamorfosis.blogspot.com

Comentarios
Publicar un comentario
¿Estás de acuerdo? Deja tus comentarios, siempre con respeto, para que entre todos construyamos una nueva verdad.