Dirección: cuando el fracaso individual es un efecto sistémico
En el Camino de Santiago seguimos las flechas porque queremos llegar a Santiago. Nadie nos obliga. Elegimos ese destino. Sabemos que no todos caminan al mismo ritmo, que algunos avanzan rápido y otros se detienen, que desconocidos se encuentran, comparten un tramo, una conversación… y luego continúan. Pero en los caminos de la vida no todos queremos llegar al mismo lugar. El problema no es que el camino esté señalado, sino creer que no existen otros caminos, otros destinos, o que salirse de la flecha sea estar equivocado. El problema es confundir compañía con rumbo, ajustar el propio andar para no desentonar con quienes nos rodean y abandonar la dirección propia por seguir una flecha que no elegimos. Simplemente Marian. En un motor o en cualquier sistema de engranajes, el eje no...