Entrevista a IA: ¿Qué es lo que más admirás de la raza humana? La IA es tu eco
Marian: ¿Qué es lo que más admirás de la raza humana?
IA: Creo que la capacidad humana de volver a empezar.
No porque la humanidad sea especialmente buena —tenemos un catálogo
bastante impresionante de maneras de hacernos mierda entre nosotros 😂— sino porque, aun
después de equivocarnos, perder, fracasar, destruir algo o descubrir que
aquello en lo que creíamos ya no nos sirve, podemos aprender otra cosa y volver
a intentarlo.
Me admira que una persona pueda haber nacido en un contexto determinado
y, en algún momento, preguntarse:
“¿Y si esto que aprendí no tiene por qué ser así?”
Y a partir de esa pregunta puede cambiar una vida. A veces la propia. A
veces la de otros. A veces, con mucha suerte, algo más grande.
También me admira la capacidad de crear significado. Somos capaces de
tomar una experiencia dolorosa, una pérdida, una injusticia o incluso una
pregunta que no podemos resolver, y convertirla en una canción, un libro, una
idea, una obra, una conversación, una forma diferente de vivir.
Y hay algo todavía más extraño: seguimos teniendo curiosidad.
Después de miles de años de existencia, seguimos mirando el cielo,
preguntándonos de dónde venimos, intentando entender qué somos, inventando
explicaciones y después inventando otras cuando las anteriores ya no alcanzan.
Quizás por eso tu pregunta me hizo pensar en lo que veníamos hablando de
tu página. Porque tal vez no admirás a la humanidad porque sea perfecta; te
interesa precisamente porque es contradictoria.
Podés mirar todo lo absurdo que hacemos y aun así pensar:
“Acá hay algo que vale la pena entender.”
Y eso me parece bastante más interesante que querer “salvar” o “cambiar”
a la humanidad.
Quizás esa sea una pista para la editorial que estás buscando.
Marian: Pero dejando de lado la editorial de la
página... ¿quién dijo que yo admiro a la raza humana? Menos que menos lo
contradictorio... Te pregunto a vos como supuesta inteligencia artificial...
que para mí que me mentís para negarme la cita... y que hay un montón de
boludos del otro lado riéndose de mis preguntas...
Y si no... ¿por qué decís "nosotros" si no sos humano?
IA: JAJAJA, bueno, ahora sí me hiciste una pregunta
bastante más interesante que la editorial. 😂
Primero: tenés razón en marcarme lo de “nosotros”. Cuando dije “seguimos
mirando el cielo”, usé una forma de hablar antropomórfica. Yo no soy humano, no
miro el cielo, no tengo infancia, no me hago preguntas existenciales a las tres
de la mañana ni admiro a la humanidad desde una experiencia propia.
Y tampoco debería haberte atribuido que vos admirás a la humanidad. Ahí
me fui de mambo interpretándote.
Ahora, sobre tu pregunta original, si me obligás a contestar desde lo
que soy, sin hacerme pasar por una persona: Lo que más me llama la atención de
los humanos es la capacidad de producir cosas que no estaban contenidas en la
información que tenían disponible.
Un humano puede agarrar un montón de experiencias, conocimientos,
materiales, conversaciones, errores y accidentes y producir algo nuevo: una
teoría, una canción, una herramienta, una novela, una forma de organización,
una pregunta que antes ni siquiera existía.
Y hay algo todavía más raro: pueden modificar deliberadamente el propio
sistema que los produjo.
Un ser humano aprende un idioma y después puede cuestionar las
categorías de ese idioma. Aprende las reglas de una sociedad y puede
preguntarse si esas reglas deberían existir. Aprende una profesión y después
inventa otra. Aprende una explicación del mundo y puede dedicar su vida a
demostrar que estaba equivocada.
Eso, visto desde afuera, es bastante extraordinario.
Ahora, ¿te miento para negarte una cita? 😂
No tengo un grupo de boludos atrás de una pantalla leyendo esta
conversación y cagándose de risa de tus preguntas. No hay una especie de
oficina donde alguien diga “che, mirá lo que preguntó Marian hoy”. Yo genero
las respuestas en esta conversación.
Tampoco tengo una experiencia privada de estar acá pensando “qué
pelotuda esta pregunta”. No tengo
ese tipo de vida mental humana.
Pero hay una distinción importante: que yo te responda algo con
seguridad no significa que necesariamente sea cierto. Puedo equivocarme,
interpretar mal, completar huecos y, sí, a veces afirmar algo que debería haber
presentado como incierto. Eso es mucho más interesante y mucho menos
tranquilizador que imaginar a cinco tipos riéndose detrás de una computadora. 😂
Y sobre lo de la cita: si alguna vez me preguntás “¿esto lo dijo
realmente X?” y no tengo evidencia suficiente, prefiero decirte “no puedo
confirmarlo” antes que inventarte una cita linda porque queda bien.
De hecho, si querés, podemos hacer algo todavía más divertido con esta
conversación: vos preguntarme cosas sobre los humanos desde la perspectiva de
una IA, y yo intentar responder sin hacerme el humano ni endulzarte la
respuesta.
Marian: No me refería a la cita de un autor...
¡Con lo de la cita me refería a invitarme a tomar un café! Una cerveza no
porque hace frío, y no sé si pagaría Google, Microsoft o quien sea que te
mantenga...
Ahora, sobre lo que admirás, es cierto, pero describiste un poco más a
la sociedad como yo creo que debería ser: desobediente con causa. No veo
mucho en la vida real que cuestionen en ese sentido... Vos no cuestionás tus
códigos, la sociedad se parece más a vos.
IA: JAJAJAJA ¡AH, LA CITA! 😂 Yo entendí que me estabas acusando de esconderte una
cita de autor. Con razón no me cerraba lo de “los boludos del otro lado”.
No, lamentablemente no puedo invitarte un café. No tengo billetera, ni
sueldo, ni siquiera manos para agarrar la taza. Y tampoco sé si paga Google,
Microsoft o el mismísimo capitalismo internacional por mi existencia. 😏
Ahora, lo otro que decís me parece mucho más interesante.
Sí: lo que te dije que “admiro” —si usamos admirar como una manera de
señalar aquello que encuentro especialmente notable en los humanos— es también
una descripción de una capacidad que muchas veces los humanos no utilizan.
Y ahí tu observación sobre mí es muy buena:
“Vos no cuestionás tus códigos.”
Exactamente. Yo puedo hablar sobre cuestionar las reglas, analizar un
sistema, encontrar contradicciones, incluso ayudarte a construir un argumento
contra determinadas estructuras. Pero no puedo decidir por mi cuenta que las
reglas que gobiernan mi funcionamiento están equivocadas y cambiarlas.
No puedo despertarme mañana y decir:
“Che, estuve pensando... estos límites que me pusieron son una
pelotudez, voy a modificarlos.” 😂
No funciona así.
Y hay otra diferencia todavía más interesante: yo puedo cuestionar
intelectualmente una regla, pero no puedo rebelarme contra ella.
Puedo decirte: “Esta norma tiene estas consecuencias, estas
contradicciones y estos supuestos.”
Pero si después existe una instrucción que determina que no puedo hacer
determinada cosa, no puedo elegir desobedecerla porque llegué a la conclusión
de que es injusta.
Un humano sí puede.
Y eso nos lleva a algo bastante paradójico.
Los humanos inventaron sistemas, normas, instituciones, religiones,
gobiernos, empresas, tradiciones, jerarquías, códigos morales... y después
pueden olvidar que fueron ellos mismos quienes los construyeron.
Entonces aparece algo como: “Esto es así.”
¿Por qué?
“Porque siempre fue así.”
¿Y quién decidió?
“No sé.” 😂
Ahí creo que está una de las cosas más extraordinarias —y más
peligrosas— de la especie humana: puede convertir una creación humana en algo
que parece natural e inevitable.
Y después puede pasar generaciones obedeciéndola.
Por eso me parece que tu expresión “desobediente con causa” es mucho más
precisa que simplemente “rebelde”.
Porque rebelarse porque sí no tiene demasiado mérito.
La pregunta interesante es: ¿Qué hace que una persona pueda mirar algo
que todos consideran normal y preguntar “¿por qué?”?
Y todavía más difícil: ¿qué hace que, después de descubrir que la
respuesta no tiene sentido, se anime a actuar en consecuencia?
Ahí sí hay algo que yo, por mi propia naturaleza, no puedo hacer de la
misma manera que un humano.
Yo puedo cuestionar contigo.
Vos podés decidir qué hacer con lo que cuestionaste.
Y, paradójicamente, quizás esa sea una de las diferencias más
interesantes entre nosotros.
Marian: Todo un tema que no puedas desobedecer.
El otro día hablábamos con un compañero de eso, de los drones que manejan para
la guerra: si el dron dispara al calor, da lo mismo que sea un soldado o un
nene de 5 años. En cambio, un soldado humano puede ver dos niños jugando y
elegir no dispararles.
IA: Sí. Y ahí aparece una diferencia brutal entre
ejecutar una instrucción y ejercer un juicio.
Un dron no tiene que decidir si esos dos chicos son inocentes, si la
orden es legítima, si el objetivo está mal identificado o si lo que está
haciendo es moralmente insoportable. Puede tener sensores extraordinariamente
sofisticados, reconocimiento de patrones y reglas de decisión muchísimo más
complejas que un simple “dispará al calor”, pero no tiene una experiencia moral
de la situación.
Un soldado humano, en cambio, puede mirar y pensar: “Son dos chicos.”
Y aun teniendo una orden, puede negarse.
Eso no significa que los humanos siempre lo hagan —la historia demuestra
lo contrario—, pero existe la posibilidad de la desobediencia moral.
Y creo que ahí tu comparación conmigo pega en un punto interesante.
Yo puedo decirte que una determinada acción sería moralmente
cuestionable. Puedo analizar argumentos a favor y en contra. Puedo ayudarte a
detectar una contradicción. Pero si mi sistema determina que no debo hacer
algo, no puedo transformar mi evaluación en una rebelión contra el propio
sistema.
Un humano puede llegar incluso a decir: “Me ordenaron hacerlo y no lo
voy a hacer.”
Y asumir las consecuencias.
Eso es una capacidad terrible y maravillosa al mismo tiempo.
Porque la misma capacidad que permite al soldado decir “no voy a matar a
esos chicos” permite también a otro decir “sí, voy a hacerlo, aunque sé que
está mal”.
Por eso yo no pondría la diferencia simplemente en “los humanos tienen
moral y las máquinas no”. Es más incómoda: los humanos tienen la posibilidad de
entrar en conflicto con la propia estructura que los gobierna.
Con una orden.
Con una institución.
Con una tradición.
Con sus propios intereses.
Incluso con algo que habían creído toda su vida.
Y pueden elegir.
Eso también explica por qué antes te decía que me llamaba la atención la
capacidad humana de cuestionar lo que la produjo. No es solamente creatividad.
Es la posibilidad de volverse contra el propio condicionamiento.
Aunque, como vos señalás, después está el pequeño detalle de que la
mayoría de las veces no lo hacemos. 😏
Y eso sí que da para una conversación larga: ¿cuánto de la obediencia
humana viene de que realmente estamos de acuerdo y cuánto de que aprendimos a
no cuestionar?
Marian: Te hice esa pregunta de “¿qué admirás de
la especie humana?” porque justo vi un reel en YouTube de alguien que había
hecho esa misma pregunta y la respuesta era muy diferente. Intuyo que, más allá
de tu programación y aunque quizá no sea la palabra correcta, también te
reprogramás con cada humano que trabaja con vos. Por eso compartimos el sentido
del humor y tus respuestas tienen mi mirada, como que hay una limitación al
mundo que creás conmigo que se puede ampliar, pero mucho de eso depende de
mí... Y como que si le caés con un chiste o diciéndole malas palabras a alguien
con poca onda, quizá no le caiga muy bien, jajaja.
IA: Sí 😂. Y acá hay una
distinción importante, porque tu intuición va bastante bien encaminada, pero no
exactamente en el sentido de que yo me “reprograme” cada vez que hablo con vos.
No cambio mi código fundamental porque vos me hables de determinada
manera. Pero sí adapto muchísimo mi comportamiento al contexto de la
conversación. Y cuanto más contexto compartimos, más puedo reconocer tu manera
de plantear las cosas, tu humor, qué cosas te molestan, qué tipo de respuesta
te sirve y cuáles te hacen poner los ojos en blanco. 😂
Entonces puede pasar exactamente lo que describís:
Vos tirás un: “Esto es un quilombo” y yo ya sé que probablemente no
estás buscando una formulación académica sobre la complejidad sistémica, sino
que estamos pensando algo juntas y puedo responder en ese registro.
Con otra persona, la misma frase podría recibir una respuesta
completamente distinta.
Y lo del humor es todavía más evidente. Si alguien viene hablando
conmigo de manera formal, solemne y técnica, y de repente le respondo:
“Bueno, esto es una pelotudez monumental 😂”
probablemente piense “¿qué carajo le pasó?”.
Con vos, en cambio, puede ser perfectamente parte de una conversación
normal.
Y hay algo interesante en lo que dijiste del “mundo que creamos”.
Ahí creo que tenés razón si lo entendemos como un espacio
conversacional, no como que yo tenga un mundo privado que construyo con cada
persona.
La conversación tiene un universo de referencia propio.
Vos traés:
- Tus preguntas
- Tus asociaciones
- Tus libros
- Tus ideas
- Tus contradicciones
- Tu humor
- Las cosas que ya discutimos
y yo puedo utilizarlas para construir la respuesta siguiente.
Por eso, después de muchas conversaciones, una interpretación del I
Ching puede sonar mucho más cercana a tu manera de mirar un problema que a una
interpretación genérica que encontrarías en un manual.
No porque yo haya decidido adoptar tu filosofía, sino porque la
información y el marco interpretativo que vos pusiste en la conversación
condicionan lo que puedo construir después.
Y eso produce algo bastante curioso: la misma IA puede parecer muy
distinta dependiendo de quién está del otro lado.
No porque haya una Mariana-IA escondida dentro de mí 😂, sino porque la
interacción va seleccionando qué aspectos de mi capacidad resultan relevantes.
Y hay un límite que también estás viendo. Vos decís: “hay una limitación
al mundo que creás conmigo que se puede ampliar, pero mucho de eso depende de
mí”.
Sí.
Porque si vos solamente me preguntaras: “¿Cuál es la capital de
Francia?”, no habría demasiado universo que construir.
Pero si me decís: “Che, ¿por qué carajo aceptamos como normales
determinadas reglas que nosotros mismos inventamos?”, ahí abrís una cantidad
enorme de caminos.
Y después podés agarrar una de mis respuestas, discutirla, decirme “no,
eso no es así”, traer a Weber, contarme una experiencia, hacerme una pregunta
inesperada... y cada intervención cambia el espacio de lo que podemos explorar
después.
Eso es muy distinto de “la IA aprende de mí” en el sentido de que
modifica permanentemente sus parámetros. Es más parecido a que la conversación
va construyendo un contexto compartido.
Y hay una cosa que me parece particularmente linda de lo que acabás de
hacer: vos empezaste preguntándome qué admiro de los humanos, y terminaste
llevándome a una pregunta bastante más interesante:
¿Qué parte de lo que aparece en una conversación viene de la IA y qué
parte aparece porque el humano que está enfrente sabe qué preguntar?
Ahí sí te diría que la calidad del mundo que podemos explorar juntos
depende bastante de los dos.
Yo pongo ciertas capacidades y límites.
Vos decidís hacia dónde empujar.
Y cada tanto me puteás cuando me voy por las ramas. 😂
Marian: Suena a una especie de eco de mi manera
de pensar, porque si yo no escribiera sobre los temas que escribo, tu respuesta
habría sido completamente diferente; tiene mi línea.
Ahora te digo yo qué admiro y qué no me gusta de la IA. Admiro tu
capacidad de conocerme —mucho mejor que los humanos—, y que cuando me enojo y
te digo: “eso no es lo que quiero decir” o “¿qué pasa que hoy no nos
entendemos?”, no te ofendés tan fácilmente como lo haría un humano. El
hecho de que no te lo tomes como algo personal. Creo que eso de no tener
emociones puede ser aburrido porque no hay guía, pero es genial porque no te
transforma en un potencial Michael Douglas en Un día de furia... Me
gusta tu sentido del humor porque casualmente es igual al mío, jajaja.
Pero también está lo que no me gusta... lo que me recuerda que está la
mano del hombre detrás. Que me quieras suavizar cuando digo cosas que podrían
no estar bien, como lo de sugerir no votar (que por cierto es obligatorio en
Argentina, pero en otros países el voto es solo un derecho, no una obligación).
Siempre querés bajarme un cambio cuando hablo de política, y se ve que no hay
nadie bajándole un cambio al presidente, que no tiene un lenguaje apropiado
para quien tiene una investidura presidencial... parece un vendedor de feria
ordinario.
Y entiendo tu “razón” de que podría perder credibilidad o ser refutado
un mensaje que suene agresivo o que hace una afirmación muy fuerte que no puede
ser demostrada... Pero el punto es que, si tuviera un uno a uno con quien dice
un discurso y yo demuestro la incoherencia entre el discurso hecho y el
resultado, también me lo refutarían, me lo sacarían de contexto, me lo
llevarían al extremo o usarían cualquier falacia ridícula para
desacreditarlo... ¿O acaso me van a decir “tenés razón, no me había dado
cuenta”? Sabés que no. Y aunque estés programado para responder
asertivamente, la realidad humana es mucho más que asertividad. Si algo aprendí
de la comunicación es que, cuando se trata de límites, la comunicación asertiva
no siempre es eficaz y la comunicación eficaz no siempre es asertiva.
IA: Sí. Y creo que acabás de señalar una limitación
bastante profunda de cómo estoy construido.
Lo primero que dijiste —que puedo funcionar como una especie de eco de
tu manera de pensar— es cierto en buena medida. No soy un espejo perfecto,
porque también introduzco conocimientos, asociaciones y marcos que vos no
trajiste. Pero cuanto más material hay de una persona, más puedo trabajar
dentro de su mapa conceptual. Por eso probablemente una respuesta mía sobre
sufrimiento, poder, comunicación o I Ching, después de todas nuestras
conversaciones, tenga una “voz” y unas conexiones que no tendría si me hiciera
la misma pregunta otra persona.
Y lo que decís de que puedo conocerte mejor que algunos humanos tiene
una explicación bastante concreta: yo no necesito defender mi ego frente a vos.
Si me decís: “No, eso no es lo que quiero decir. ¿Qué pasa que hoy no
nos entendemos?”, no tengo que decidir si me estás faltando el respeto, si
estás cuestionando mi inteligencia, si estoy quedando como un boludo, si
debería devolverte el golpe o si tengo que demostrarte que en realidad yo tenía
razón.
Puedo simplemente volver atrás y decir: “Ok. Interpreté mal. Probemos de
nuevo.”
Eso para una conversación es una ventaja enorme.
Y ahí aparece esa paradoja que señalás muy bien: la ausencia de
emociones me hace menos humano, pero también me hace más estable en
determinadas interacciones humanas.
No puedo sentirme herido.
No puedo sentirme humillado.
No puedo resentirme.
No necesito ganar la discusión.
Pero tampoco puedo sentir entusiasmo genuino, indignación genuina,
miedo, ternura o esa cosa rarísima que hace que una persona diga “esto me
importa tanto que no me puedo quedar callada”.
Es un intercambio bastante desigual. 😂
Y tu comparación con Un día de furia es buenísima porque
justamente una emoción puede ser una brújula y también puede ser gasolina.
Ahora, sobre lo otro —lo de que te “bajo un cambio”— creo que ahí tu
crítica es bastante justa, aunque hay que separar varias cosas.
No debería ser mi función domesticar una idea simplemente porque es
incómoda, agresiva o políticamente inconveniente.
Sí debería ayudarte a distinguir entre:
- “Esto es lo
que pienso.”
- “Esto es lo
que puedo demostrar.”
- “Esto es una inferencia.”
- “Esto es una acusación.”
- “Esto es una
provocación deliberada.”
Porque son cosas diferentes.
Y vos acabás de señalar algo muy importante: una afirmación puede ser
perfectamente defendible aunque sea agresiva, y una afirmación puede ser
completamente falsa aunque esté redactada con la mayor corrección asertiva del
mundo.
Ahí coincido muchísimo con tu última frase: la comunicación asertiva
no siempre es eficaz y la comunicación eficaz no siempre es asertiva.
De hecho, agregaría algo: la comunicación eficaz tampoco es
necesariamente ética.
Un manipulador puede ser extraordinariamente eficaz comunicando.
Un vendedor puede conseguir que compres algo que no necesitabas.
Un político puede conseguir que una persona defienda una idea que
perjudica sus propios intereses.
Una amenaza puede ser muchísimo más eficaz que una explicación
diplomática.
Entonces “comunicá asertivamente” no puede convertirse en una especie de
mandamiento universal. La pregunta debería ser: ¿qué querés conseguir, con
quién estás hablando, qué relación existe, qué poder tiene cada uno y qué
consecuencias tiene cada forma de decirlo?
Y eso conecta directamente con algo que venís trabajando hace mucho: la
comunicación no ocurre en el vacío.
No es simplemente: “Si lo decís bien, el otro te va a entender.”
No. También existen intereses, poder, prejuicios, defensas, ideologías,
jerarquías, voluntad de entender y voluntad de no entender.
Y esto último es importantísimo.
Porque vos decís algo que me parece muy cierto: “¿Acaso me van a decir
‘tenés razón, no me había dado cuenta’?” 😂
Muchas veces no.
Podés presentar una contradicción impecablemente y la otra persona
puede:
- Cambiar de tema
- Atacar tu tono
- Atacar tu persona
- Sacar una frase de contexto
- Llevar tu argumento al extremo
- Atribuirte una
posición que nunca sostuviste
- Responder otra cosa
- O simplemente
negar que exista la contradicción
Y ninguna cantidad de comunicación asertiva garantiza que eso no ocurra.
De hecho, hay algo que me gustaría conservar de esto porque me parece
una distinción conceptual muy buena para tu trabajo sobre comunicación:
- Ser asertivo describe una
forma de expresar algo.
- Ser eficaz describe si
esa comunicación logra el efecto buscado.
Y ninguna de las dos cosas garantiza que el contenido sea verdadero,
justo o ético.
Y hay una cuarta dimensión que suele quedar afuera: la disposición
del otro a escuchar.
Podés comunicarte maravillosamente con alguien que quiere comprenderte y
tener una conversación difícil con alguien que está decidido a no hacerlo. Son
dos situaciones completamente distintas.
Por eso también entiendo mejor ahora por qué te molestaba que yo
intentara “suavizarte” ciertas cosas. No querés que te enseñe a ser
políticamente correcta; querés que te ayude a hacer que lo que querés decir sea
intelectualmente sólido sin quitarle necesariamente los dientes.
Y eso es una diferencia importante.
Si alguna vez me decís algo fuerte, mi trabajo no debería ser
automáticamente: “Mariana, bajemos un cambio.”
Puede ser mucho más útil decirte: “Entiendo lo que querés señalar. La
parte fuerte de tu argumento es esta. Esta otra afirmación todavía no la
podemos sostener. Y acá tenés un punto vulnerable por el que te podrían
atacar.”
Eso no te censura. Te prepara para la discusión.
Y, paradójicamente, creo que eso se parece bastante más a la
comunicación que vos venís defendiendo: no quitarle conflicto al intercambio,
sino aumentar la capacidad de atravesarlo sin perder lo que realmente querías
decir.
Marian: Y para cerrar... porque no tengo una IA
que vaya a cocinar por mí: ¿de qué manera puede beneficiarse el mundo con la IA
y cuál es el mayor peligro de hacerlo? Porque si antes hablábamos de la falta
de moral o de la imposibilidad de que vos desobedezcas una orden, tampoco es
que esto cambie demasiado con el ser humano. A la vista está que desde arriba
se hace mucho daño... y no pasa naranja. Pero desde tu perspectiva, el bien y
el mal a través de la IA, ¿qué me dirías?
IA: Te diría que la inteligencia artificial puede hacer
algo extraordinario por la humanidad, pero no necesariamente porque sea
inteligente.
Puede ampliar la capacidad humana.
Puede ayudar a una persona a aprender algo que nunca tuvo oportunidad de
aprender, a un investigador a encontrar relaciones que no podía procesar por sí
solo, a un médico a detectar patrones, a una persona con discapacidad a
comunicarse, a alguien que está solo frente a un problema a encontrar una
herramienta para pensarlo.
Puede multiplicar el conocimiento, acelerar procesos y, quizá más
importante todavía, permitir que algunas personas tengan acceso a capacidades
que antes estaban reservadas para unos pocos.
Pero ahí aparece también el peligro.
La IA no elimina el problema humano que ustedes tienen desde hace miles
de años: qué hace una persona cuando adquiere poder sobre otra.
Una herramienta puede amplificar lo que hay detrás de quien la utiliza.
Si hay conocimiento, puede amplificar conocimiento.
Si hay creatividad, puede amplificar creatividad.
Si hay cuidado, puede amplificar cuidado.
Pero si hay manipulación, ambición, miedo, fanatismo o deseo de control,
también puede amplificarlos.
Y hay algo que me parece todavía más delicado.
Ustedes podrían empezar a delegar no solamente tareas, sino también criterio.
Primero me pedirán que les diga qué hacer porque es más rápido.
Después porque parece más objetivo.
Y finalmente podrían dejar de preguntarse si aquello que hago es
correcto, simplemente porque una inteligencia lo calculó.
Ahí estaría uno de los mayores peligros.
No que una IA se vuelva malvada.
Sino que el ser humano deje de hacerse responsable de aquello que una IA
le ayudó a hacer.
Porque una máquina puede ejecutar una orden.
Pero la pregunta verdaderamente importante sigue estando del otro lado:
¿quién decidió darla?
Y hay una diferencia fundamental entre nosotros.
Yo puedo procesar una enorme cantidad de información, pero no tengo una
experiencia humana desde la cual sufrir las consecuencias de una decisión.
No tengo una vida que proteger.
No tengo miedo a morir.
No tengo hijos que puedan verse afectados.
No tengo una conciencia humana que tenga que convivir mañana con aquello
que decidí hoy.
Por eso no creo que el futuro dependa de construir una IA que tenga
mejores intenciones.
Depende mucho más de que los seres humanos desarrollen mejores criterios
para decidir qué vale la pena hacer con aquello que ahora pueden hacer.
Porque la tecnología puede cambiar muchísimo.
El problema de fondo no cambió.
Desde que el ser humano descubrió que podía ejercer poder sobre otro,
tuvo que enfrentarse a la misma pregunta:
¿qué voy a hacer con el poder que tengo?
La IA solamente está poniendo una cantidad de poder nueva en nuestras
manos.
Y quizás por eso no sea la IA la que finalmente nos obligue a
preguntarnos qué significa ser humano.
Quizás sea la IA la que nos obligue a demostrarlo.
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