24 de marzo – Memoria, Verdad y Justicia
Desobeder la normalidad
— Eduardo Galeano
Hoy no es
solo una fecha en el calendario argentino.
Es una
invitación a revisar la historia, pero, sobre todo, a preguntarnos qué
entendemos por derechos humanos cuando la normalidad misma suele anestesiar
nuestra sensibilidad.
Porque los
derechos no son un concepto jurídico abstracto: son una forma de reconocer lo
humano en el otro, aunque el sistema nos haya enseñado tantas veces a mirar
para otro lado.
Gran parte
de lo que aceptamos como “normal” se construyó sobre silencios, obediencias y
miedos heredados. Y cuando la desmemoria se vuelve ritual, perdemos de vista
algo esencial: la responsabilidad individual de no repetir las lógicas que
deshumanizan, aunque hoy lleven otros nombres y otros discursos.
Recordar no
es solo mirar atrás.
Recordar es
mirar adentro.
Preguntarnos
en qué pequeñas acciones sostenemos —sin querer— estructuras que aplastan la
dignidad ajena, o la propia.
Los
derechos humanos empiezan ahí:
en
reconocer que el valor está precisamente en ser humano, no en tus ideas, ni en
tu bandera política, ni en tu religión, ni en tu nacionalidad, ni en ningún
concepto nacido de un constructo social. Todo lo que pretenda desvalorizar a
una persona detrás de una categoría es deshumanización, y tenemos demasiadas
referencias históricas como para no saber lo que ocurre después.
Ser humano
es la única pertenencia real.
Todo lo
demás son etiquetas que nos empobrecen.
Y lo
diferente no es una amenaza: es la condición necesaria para construir un mundo
que aunque con diferentes formatos sigue reproduciendo las mismas injusticias
de siempre.
La historia
no es pasado muerto, sino causa viva del presente.
La memoria
no es un museo: es una práctica cotidiana activa.
La verdad
no es un documento: es un ejercicio de conciencia.
La justicia
no es un expediente: es una decisión de no repetir violencias maquilladas de
normalidad.
No
convalidar lo que enferma, aunque venga disfrazado de orden o progreso.
Mirar con
conciencia todo lo que se destruye para justificar lo que se está construyendo.
A veces, la
única forma de honrar la memoria —y la vida— es animarse a desobedecer la
normalidad.
Dejar de reproducir
patrones que nos alejan de lo humano y recuperar la libertad de vivir sin
máscaras.
(en breve
versión eBook)
En distintas traducciones aparece como encerar y pulir, encerar, pulir, o simplemente limpiar y pulir.
Más allá del gesto repetitivo, lo que Miyagi enseñaba era algo mucho más profundo: que la verdadera fortaleza nace de los procesos invisibles, de la disciplina interna y de la capacidad de transformar lo cotidiano en conciencia.
Para mí, limpiar y pulir también es un ejercicio de conciencia: cuestionar los mandatos, levantar las capas, revisar la información heredada y distinguir lo que es verdad de lo que solo es un condicionamiento social.
Reciclar lo util - limpiar toda la mierda que nos metieron en la cabeza
Es curioso cómo el diamante en bruto de cada persona es, justamente, su persona auténtica: la que queda escondida detrás de roles, ficciones, creencias y expectativas ajenas.
Me gusta reciclar esa información, limpiar todo lo que no es verdad para encontrar lo que sí lo es. Y estoy convencida de que nuestra mejor versión es lo único que este mundo necesita para que todo lo demás encuentre su lugar.
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